A primeros de agosto de 2007 mis cuñados Carlos y Nuria me dijeron que irían a Poio a pasar unos días de descanso.

- Pues hombre, si vais, creo que a Poio fueron los de los mosaicos de Rectivía para ver lo que allí había, y sacar provecho de la visita. Si os coincide sacáis unas fotos.

Ni ellos, ni yo sabíamos que se iban a alojar en la Hospederia del Monasterio Mercedario, y que los mosaicos se encontraban precisamente allí. No solamente obtuvieron una buena colección de fotos, también trajeron el libro sobre el monasterio de Hipólito de sa Bravo, y quedaron tan encantados de su excursión, que se deshicieron en alabanzas al contarnos en casa lo que vieron; que fuéramos nosotros, que merecía la pena.

La Escuela de Mosaicos fue fundada en el año 1960 por el pintor y mosaísta checo Antonio Machourek, residente en París. Sus primeros alumnos, un grupo de jóvenes mercedarios que pronto comenzaron a realizar una serie de obras y muestras que son objeto de admiración y aplauso1.

En la capilla del seminario, la sorprendente realización de los grandes mosaicos con las imágenes de Nuestra Señora de la Merced y San Pedro Nolasco, así como el vía crucis monumental, saturado de inspiración sorprendente tanto por el tamaño de las figuras como por la vitalidad que reflejan los gestos. En la misma línea “La Cena”, en la cabecera del comedor de la hospedería, comentada por sus dimensiones, unos 25 metros cuadrados, y por el realismo expresivo de las imágenes.

Son dos muestras que se suman a otras realizaciones de la escuela de mosaicos del Monasterio de Poio. Algo original y casi diremos único en Galicia. Hay un estilo, una concepción original del tema religioso, en la que se conjugan la majestad con la ingenua sencillez, en realizaciones que nos recuerdan la tradición mosaísta del sur de Europa y de la cultura bizantina y árabe. Y como cierre los trabajos en piedra de la Escola de Canteiros allí creada en el año 1978, por iniciativa del Ministerio de cultura, Delegación Provincial de Pontevedra, con la finalidad de formar maestros canteros, capaces de labrar y trabajar la piedra con el esmero y perfección que reflejan los monumentos antiguos, exponentes de la maestría con que los canteros gallegos realizaban sus trabajos. Una nueva faceta, que justifica el nombre dado al Monasterio de Poio de centro cultural, ya que abre las puertas a los investigadores y estudiosos de su biblioteca, única en Galicia, tiene en funcionamiento una escuela de mosaicos, también única por sus orientaciones, y también allí las enseñanzas que se dan a los que acuden a la Escola de Canteiros2.

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1Hipólito de sa Bravo. El Monasterio de Poio, página 24.

2 Íd. Paginas 50 y 53.